sábado, 20 de junio de 2015

LANZAMIENTOS: CANCIONERO PARA VÍCTIMAS DE SINIESTROS - FUTBOL EN LA ESCUELA

El disco debut de la joven agrupación limeña reúne once canciones con historias de amor, melancolía, rencor y otras emociones intensas. Todo ello a través de líricas sutiles, guitarreos estridentes y constantes cambios de ritmo en diversos momentos del álbum.



Llegamos a mitad de año con la satisfacción de observar un buen crecimiento del número de agrupaciones en nuestra capital con sonidos cada vez más propios y auténticos. Una de las que más llamó nuestra atención fue Fútbol en la escuela, un quinteto de indie rock que irrumpió en la escena local hace tres meses con el lanzamiento de su sencillo Souvenir, el cual fue bien recibido por los medios locales e internacionales.
                                                                                             
Con acordes melodiosos y una voz suave, pero cargada de pesimismo y melancolía, la canción nos reveló una propuesta muy distinta a las secuencias electrónicas y los ejercicios folk que nos hemos acostumbrado a escuchar en el circuito alternativo limeño. Era evidente que se trataba de un rock más experimental, teñido con algunos matices pop e historias con las cuales podíamos identificarnos fácilmente.


De eso nos convencimos por completo tras escuchar La mafia, el segundo sencillo de la banda, publicado en abril. Un par de meses después, finalmente podemos disfrutar de Cancionero para víctimas de siniestros, disco debut de la agrupación que proyecta convertirse en otro de los mejores lanzamientos locales para este año. Son once canciones, once relatos llenos de emociones y sentimientos tan intensos como dolorosos.

La agrupación está compuesta por Sayo Arriarán (voz y guitarra), Edgar Espinoza (piano y sintetizadores), Carlos Marchan (guitarra), Blanca Espinoza (bajo) y Ricardo Lopez (batería). Entre sus influencias encontramos desde bandas extranjeras, como Portishead, Sr. Chinarro y Sonic Youth, hasta conjuntos locales, como Narcosis o Ertiub. El álbum fue autogestionado por el mismo grupo y puede escucharse por Bandcamp y Youtube.

Fútbol en la escuela.
Arriba (de izquierda a derecha): Edgar Espinoza, Carlos Marchan y Sayo Arriarán.
Abajo: Blanca Espinoza.

Pitazo inicial: Vértigo y creatividad

El disco inicia con Música para fantasmas, un track de comienzo suave y lento que luego se acelerará para, finalmente, regresar a su primera etapa. La voz de Sayo se manifiesta y empieza a relatarnos, a manera de un susurro, la primera de muchas historias siniestras y conflictivas que podremos conocer a lo largo de este cancionero. Es una melodía muy útil para dar a conocer el estilo musical de la banda a quienes los escuchan por primera vez.

Inmediatamente, le sigue Mejor enemigos, con pequeñas explosiones de energía durante sus casi tres minutos de duración. Luego podemos escuchar Sobre ti, que inicia con un estribillo sumamente melancólico: “Salí buscándote, llegué hasta aquí arrastrándome”. El coro sigue esta misma línea: “Sobre ti, sobre ti, caerá el peso del recuerdo”. La música no opaca esta línea vocal en ningún momento, ambas se mueven a un mismo ritmo.



Tiempo intermedio: Experimentación

En algunas ocasiones, el conjunto se inclina un poco más por la experimentación musical. Ejemplos de ello son El autista furioso, tema sin percusión y con ligeras distorsiones en la guitarra como en la voz. Un poco después, también encontraremos algunos efectos sonoros perfectamente acoplados en la canción Mi chompa, que le dan frescura y contemporaneidad a este trabajo discográfico.

Por otra parte, tenemos melodías que pueden ser mucho más digeribles para el público masivo como Hospital. Nuevamente, la línea vocal gana protagonismo a través de letras poéticas y muy bien construidas. Si bien la guitarra no se siente tan enérgica como en otros temas, le pone la dosis justa de nostalgia y delirio a esta canción. Descartables también sigue esta vertiente, pero con un toque de mística y un ritmo más lento.



Últimos minutos: Éxtasis musical

Pasando la mitad del disco, encontramos el tema de mayor duración, After party. Una lírica sumamente introspectiva, nostalgia pura hecha música, ideal para aquellas madrugadas en las que resulta difícil conciliar el sueño. Otro hit resulta ser Navegantes futuristas, que se torna más tormentosa con cada segundo transcurrido y nos conduce a un éxtasis musical en medio del track. Una experiencia fugaz, pero intensa.

Ya en el final, recién podemos disfrutar de los dos sencillos publicados por la banda, previos al lanzamiento del álbum. “Souvenir fue primero porque nos pareció la más asimilable, en cuanto a estructura, y la que le sigue bajo este criterio es La mafia, a nuestro entender”, señaló Sayo Arriarán.



Para nosotros, La mafia resulta ser un buen ejemplo del tipo de canciones lentas que produce Fútbol en la escuela. Guitarras melódicas, voces que no pierden el protagonismo, historias de amor y desamor que se entretejen con nostalgia, melancolía, rencor y otras emociones igual de fuertes. La canción también posee un balance equilibrado entre  la participación de cada instrumento, que la hace completamente digerible.

Para cerrar el disco, Souvenir. El tema que, tal vez, refleja mejor el estilo musical de la banda. Guitarreos bestiales y llenos de energía se mezclan con la ya característica voz de Sayo, que nos deja otro estribillo para el recuerdo: “la efímera felicidad no nos esperará jamás, la efímera felicidad no nos corresponderá”. Es precisamente en estos coros cuando la canción se acelera y nos lleva a un clímax que ponte punto final a este viaje.



Pitazo final: Epílogo

Cancionero para víctimas de siniestros convierte a Fútbol en la escuela en una de las nuevas promesas del rock independiente en Perú, gracias a su originalidad para capturar y transmitir una gran variedad de sentimientos a través de su música. Por lo pronto, la banda alista planes para presentar la edición física del disco, en agosto, y esperan publicarlo a la brevedad en otras plataformas digitales como iTunes y Spotify.

Escucha el álbum completo aquí.

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